Y me despierto con una sonrisa en los labios porque te tengo junto a mí. Desaparece toda la bruma que me rodeaba y que me ponía de tan mal humor por no entenderme.
Todo el ruido de mi cabeza se calla cuando dices una palabra y el silencio de mi corazón desaparece cuando tocas mi mano. Me ahogas de amor y me asfixias de caricias. Me gustas y me gusta que me gustes. Te gusto y me gusta gustarte.
Todas las presiones diarias son nada porque se que estarás en casa cuando llegue y que me contarás tu día y me harás reír como solamente tú logras hacerlo, con esa risa simple y franca que me sale desde el fondo del pecho y que de tan mala educación es.
Se va el miedo a ser observada, porque me recorres completa y me siento tranquila cuando lo haces. Verificas que en mis ojos no haya una sombra de tristeza o preocupación y te cercioras de que siga ahí ese brillo que tú les das. Mi piel huele a la crema que te gusta y que me regalas. Mi almohada huele a ti y eso me ayuda a dormir tranquila.
No importa si mi cabello está peinado o no, si el maquillaje quedó bien o se me corrió, si terminé los pendientes de la oficina o mañana voy a estar vuelta loca, no me importa si está lloviendo o si el sol quema como nunca, sólo me importa sentir esa emoción que me provocas al verme entre la gente y hacerme sentir única porque entre nosotros hay un entendimiento sin palabras y sin sonidos en el que nadie puede intervenir y no aceptamos extraños. En nuestro club, tú y yo, yo y tú. Me acaricias y te abrazo. Entierro mi cabeza en tu cuello y respiro profundamente llenándome de tu olor, intentando no olvidarlo nunca, porque eso es lo que me mantiene viva.
Trepas por mis recuerdos como una enredadera invadiéndolo todo y se que hoy soy tuya y por siempre y quiero que sea así por una laaaaaargo tiempo y me lleno de pánico de pensar que podrías desaparecer de un momento a otro, y entonces esta versión mía que tanto me gusta se iría contigo, esta sonrisa que no temo mostrar, estos pensamientos que provocas y apoyas, esta seguridad que tú me diste, desaparecería. Se iría también la sonrisa en la cama antes de abrir los ojos y el sueño tranquilo de todos los días. Volvería la bruma a envolverme y a borrarme poco a poco, porque tú no estarías conmigo. No sonreiría, no tendría mi corazón ningún motivo para bombear una sangre que haces hervir de esa manera tan tuya. Volvería la obscuridad y la tristeza que había en mí antes de ti.

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